Posteado por: Filología UNLP | febrero 2, 2015

Segundo congreso de Bellatinología

Con una discreción que puede interpretarse como secreto aunque no lo sea, el jueves 29 de enero de 2015 tuvo lugar, en la ciudad de La Plata, la segunda reunión anual alrededor de Mario Bellatin (Pueden consultar sobre el primero en la pestaña de Jornadas y eventos, con relato de Laura Conde). Como algunos saben, en La Plata se conserva un archivo de manuscritos que es objeto de estudio en el Área de investigación en Crítica Genética y Archivos de Escritores. Sin embargo, en enero estos manuscritos no pueden consultarse porque la Facultad está cerrada. Pensar qué es y qué no es este congreso forma parte de las acciones que Bellatin desarrolla o promueve, aquellas en las que participa, que pretenden cambiar el estado de la literatura de la manera mínima en que un niño cambia el estado del universo cuando extrae un baldecito de agua del mar.

Comencemos por descartar la reunión de especialistas que comentarían la obra del escritor latinoamericano, escuchados por estudiantes y graduados en busca de una certificación. Se trató de una reunión de diez personas (el número es variable, la convocatoria se realiza por mail sin ninguna anticipación y está dirigida a unos pocos interesados dispuestos a posponer sus salidas, cambiar la fecha de las vacaciones o regresar intempestivamente) que en esta ocasión plantearon un tema para que Mario Bellatin desarrolle: se trató de la traducción y a partir de allí se habló del tiempo y los nacionalismos. Entre los participantes se encontraba un experto en historia de la lengua, sentado en círculo junto con una estudiante de segundo año que se quedó pensando en esas cuestiones del tiempo y de la historia, es decir en su máximo interés que es el cine. El Congreso de Bellatinología se realiza en La Plata por fuera de las fechas consagradas, en el mes de enero, en los jardines del Museo de Ciencias Naturales. Consiste en encuentros pautados sólo por el tiempo y el espacio, incluye visita al Museo y supone que los participantes le planteen al escritor una inquietud que surge de sus estudios, como ante la visita de un profesor invitado que se ocuparía de asesorarlos en sus investigaciones. Para que sea con Bellatin, alrededor de Bellatin, es necesario que la inquietud sea genuina, una incomodidad en relación con los modos más establecidos de pensar ese problema, que si ahora comenzó con la mención a la traducción, antes lo fue con la mención al archivo, a cómo se supone que se presenta un archivo y no precisamente el del escritor invitado, sino otro de los conservados en la CriGAE que es el de Manuel Puig.

¿Por qué iría un escritor consagrado a este tipo de encuentros? Si la pregunta fuera posible de ser respondida, las razones se volverían mezquinas. Una vez ocurrido, se puede percibir que a través de la observación de ciertas reglas invisibles pero estrictas (el interés genuino por estar sería una de ellas, respetar lo que mande el momento sería otra) se puso en marcha una suerte de maquinaria que podría alimentar la escritura de cada uno de los participantes. La dispersión de esta maquinaria garantiza su eficacia: pensamos que acaso la charla sobre lo animal ocurrida en el almuerzo y la persistencia de los animales prehistóricos en las galgas registrada por Tadeo Bellain, no estuvo ausente de la reflexión sobre un tiempo que se estruja o se estira y en lo ominoso de la presencia de la Segunda Gran Guerra europea en la literatura del boom. Registramos esto como instantáneas y desconocemos lo que podrá emerger en cada escritura.

Por otra parte, la ciudad de La Plata es un sitio apacible, donde parece que nunca pasa nada, tan lejos y tan cerca de Buenos Aires que podría confundirse con un barrio si no estuviese tajantemente separada por una autopista y por el Ferrocarril General Roca. Cómo explicar que en esa ciudad hayan comenzado tantas cosas es una tarea que no viene al caso y mucho menos el deseo de enumeración. Básicamente, parecería ser que en La Plata se “cocinan” ideas, movimientos sociales y culturales, de ahí que haya prendido tanto la idea del archivo y la cocina del escritor. Tal vez sea nuevamente una cuestión de tiempo, un espacio propicio para que el tiempo se contraiga y se estire. Quizá no necesitemos más explicación que esta para aceptar que mientras tomábamos uno de los helados más ricos (el más rico, sentenciaron Mario y Tadeo Bellatin al unísono), supimos que Mario Bellatin había ganado el premio de narrativa José María Arguedas otorgado por Casa de las Américas, y que cuando llegamos a un lugar llamado “El espacio” para la proyección de “Salón de belleza” en cine-vivo, nos encontramos con Tamara Kamenszain, la ganadora del premio de poesía Lezama Lima por el mismo jurado, y con Daniel Link, que había concurrido con su marido el fotógrafo Sebastián Freire y fue el encargado de dar la noticia y declarar esa esquina de diagonal 78 y 59 como centro de la literatura latinoamericana justo en el mismo momento que, según los husos horarios, el premio era anunciado en La Habana.

Lo que pasó a continuación fue un misterio, la gente no paraba de llegar a la terraza de El espacio donde sobre una pantalla se proyectaba una película y frente a ella un escritor leía su texto sentado frente a un micrófono en un tiempo que era y no era el mismo, dado que la coordinación entre relato e imagen resultaba deliberadamente, más que diferida, fallida. Congelemos la imagen, Bellatin lo hizo al tomar fotos de la concurrencia como lo haría una estrella de rock, emocionado frente al delirio de la multitud. Si la cantidad de gente supera la capacidad prevista es posible hablar de multitud, en cuanto al delirio era palpable, entusiasmo erótico dice Daniel Link, misterio de lo porvenir me atrevería a agregar.

Después algunos nos quedamos comiendo empanadas mientras otros se aventuraban en la noche platense. Supimos de gente que había asistido porque sabe que en ese lugar pasan cosas y se encontró con Bellatin. Escuchamos a un cinéfilo arrobado que había escuchado en las variaciones de la compositora Marcela Rodríguez la música de Godard que hace años intentaba localizar. Hablamos con peregrinos que habían recorrido muchos kilómetros para estar ahí, y presenciamos el momento exacto en que la estudiante que había estado sentada en el círculo de la tarde comenzaba a germinar una pregunta sobre la naturaleza del cine, que acaso podrá surgir cuando la máquina Bellatin se ponga en funcionamiento nuevamente, en mayo, en La Plata.

Galgas prehistóricasBellatin Malisia

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